El Concilio dio inicio a la renovación interior de la Iglesia y a una mayor apertura al mundo y a las religiones. El papa Juan XXIII anunciaba, por entonces, la primavera de la Iglesia. En tiempos que se profundizaban aún los cambios, las intenciones de Benedicto XVI van por ese camino. Desde el año 1962 hasta la fecha, los tiempos y las circunstancias siguen cambiando. Surgen nuevos problemas: el surgimiento de iglesias independientes, las controversias por la falta de coherencia, los que pretenden regresar atrás en la apertura, los avances científicos y el cambio de época, etc.
La Iglesia, como comunidad de fe, siempre debe preguntarse: ¿Que piensas de ti? ¿Cuál es tu misión? ¿Qué dice la gente de ti? Cuando es capaz de hacerse preguntas se allanan los caminos para que el Espíritu Santo siga soplando.
En la convocación al Año de la Fe, el Papa invita a una renovada conversión al Señor y a una adhesión vigorosa al evangelio, en tiempos en que se profundizan cambios en la cultura, Además, el Pontífice indica la necesidad de unir la fe con los contenidos, a descubrir la fe como un don de Dios, y a la vez como una respuesta humana, en la profundidad del propio ser, y a no tener miedo a comprometerse públicamente con lo que se cree. Durante este mes, las Escuelas de Verano servirán para profundizar en la vivencia de la fe y prepararse a proclamarla.
Finalmente, como también señala el Papa, en nuestra sociedad inmersa en profundos cambios hay muchas personas que, como la Samaritana, buscan el sentido último de su existencia y de este mundo. Estos son los principales destinatarios de la misión eclesial.
Dios nos conceda el don de la fe.
P. Martín Dolzani, ssp.